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UN PEZ ENREDADO

Un paquete y cinco metros.

La mañana empieza perfecta... No tengo que madrugar, la mujer escapa unos minutos antes que yo de la cama, y eso me permite conquistar ese territorio común, explorar con los pies desnudos los rincones frescos, dejar que mi piel roce las sábanas, cerrar los ojos imaginando que estoy en una cama que no es la mia, en una ciudad que no es la mia, en un planeta que no es este... Pero he de levantarme y enfrentarme a la vida real. Ya he desayunado y suena el timbre, es el cartero, lo sé nada más oir el timbre, mis ojos lanzan  chispitas como las de las bengalas que agitan en el aire los niños. Casi le arranco de la mano la notificación del paquete, me dice que he de ir a recogerlo, ya estabamos vestidos, así que le digo a la mujer que venga, que vamos, cierro la puerta y...tras tirar de ella, compruebo con horror que no puedo cerrar con llave... nos hemos dejado una llave metida en la cerradura por dentro. Comienza la epopeya. Pero primero he de ir a correos, peleo un poco con la cartera, que me dice que el paquete no llega hasta el dia siguiente, pero tras decirle que Jose Maria, el cartero de mi zona me ha dicho que es un tubo enorme (por el gesto que hizo crei que ya llegaba el bazokaa que encargue a mi distribuidor de armamento pesado) accede a mirar y darme el paquete. Aún no tengo cita con el médico, estoy a un kilometro de casa, y no puedo esperar a llegar allí para abrir el paquete de Nacho. Tras enviarle un mensaje anunciandole que si es una bomba morire con un montón de inocentes, me sumerjo en el bar. Es temprano, dos mujeres cargadas de compra hablan en un rincon, ante dos cañas, un hombre vestido de ejecutivo lee el Marca y dos guardias civiles huyen casi a la carrera cuando ven el paquete... supongo que de un momento a otro llegaran los Tedax.
Pero no puedo esperar a que lleguen, pido un cuchillo al camarero "que este bien afilado, por favor, y un café con leche no muy cargado" el camarero me mira raro..como si me fuera a cortar las venas allí mismo..pero ve que estoy pletórico de felicidad, así que me deja el cuchillo y me pone el café. Ataco el paquete con ansia, y comienzo a sacar cosas ante la mirada de todo el establecimiento, despliego el poster y miro a los ojos de Viggo Mortensen de tú a tú. Y siento un picor en los ojos... En el reverso del poster hay 4 mensajes, cuatro mensajes que se me clavan en el corazón y sin poder evitarlo empiezo a llorar como un tonto, ante la mirada del camarero. Luego saco la botellita...la destapo....toco la arena de esas lejanas playas, la huelo, quiero metermela en la boca y sentir el mar en mi garganta... miro el reloj, es hora de ir al médico, pero aún quedan las conchas, cojo cada una, las examino como si mi vida dependiera de ello... hoy, me siento mas vivo que nunca, vuelvo a meter todo en el paquete y me voy al ambulatorio. No importa ya nada, nada puede arruinar este momento, ni pienso dejar que lo haga, ni la doctora, ni los 5 metros desde los que me he tenido que descolgar para poder entrar en casa, ni siquiera el quirofano de mañana. Este es mi momento, el momento de los 5 y voy a pelear por él. Os quiero, aunque no podais comprenderme a veces. Soy A+ si necesitais mi sangre, dispongo de unos litros que os pertenecen. Gracias.

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1 comentario

Nacho -

Esto es un golpe bajo directo a las vísceras. No podía imaginarme tanta emoción, sin embargo no puedo negar lo evidente. Regalar es una actividad con la que disfruto especialmente y me he perdido la parte de este acto que se corresponde con el lenguaje no verbal, o eso creo yo, porque lo has descrito tan emotivamente, que parecía haberme trasladado unos kilómetros, sin salir de casa.

Suerte coleguita.
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