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UN PEZ ENREDADO

Una jaula de luz

 

Veo y siento sobrevolar por encima de mi cabeza, mientras escribo, la pareja de canarios que alojo en mi cubil. Se están haciendo todo unos expertos en el arte del vuelo. Al principio de soltarlos, eran torpes, inutilizados sus poderes por lo diminuto de la jaula donde residen, parecían tener las alas pegadas al cuerpo. Los recuerdo asomándose temerosos por la puertecilla, mirando al exterior como si el mundo se acabase más allá de aquellos barrotes blancos. Ahora sin embargo, se han enseñoreado de todo, los veo picotear el cráneo de mi calavera de resina, pisotear el órgano del archimago, hacer el amor sobre los libros de Stephen King y jugar al vuela que te pillo por encima de las estanterías.
Cuando se cansan se vuelven a meter solos en la jaula, aunque a veces soy yo el que se cansa antes que ellos y decide que es hora de regresar a su casita de alambre. Es sencillo cazarlos, solo hay que quitar completamente la luz de la habitación, deslizarse lentamente hasta ellos y cogerlos, hasta alguna vez he probado a poner el dedo bajo sus patas para transportarlos posados en él. La oscuridad es  su debilidad. Se quedan completamente estáticos, sin atrever a moverse porque el mundo se ha desvanecido justo delante de ellos.
Hubo un tiempo en el que en las casas no había electricidad, ni luz eléctrica, y la vida solo existía durante el tiempo que duraba el sol en lo alto. En las casas había chimeneas, trémulas luces que deformaban las cosas y los rostros, centros de reunión de los hogares donde se narraban historias de monstruos, asesinos y bandoleros, porque siempre hubo gente dispuesta a robar a unos para dárselo a otros, y gente dispuesta a robar a todos para quedárselo ellos.
¿Imagináis la expectación que podía atraer una radio en aquella época cuando las televisiones eran tan caras que solo había una o dos en el pueblo? ¿Cuando aquella pequeña caja era el único contacto con lo que estaba sucediendo en el resto del mundo? Hubo un tiempo en el que los hombres eran canarios asomados a la puerta de su jaula.

 

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