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UN PEZ ENREDADO

Madreselva

Surgen de mi boca largos tallos de madreselva que buscan, con ahinco, las arrugas de mi piel como asidero. Se zambullen en mi nariz haciendo cientos, miles de cosquillas en su vegetal caminar, besan la acuosa superficie de mis pupilas y sostienen mis párpados que ya no puedo abatir. Es en mi fosco cabello donde sus tallos cobran fuerza, donde como una malla se dividen, buscando caminos nuevos, mil senderos verdes que transporten sabia hacia cada zarcillo, hacia cada nuevo brote. Estalla una primavera en mi cabeza, las hojas cubren ya mi rostro, como un arbol anciano, noto que el abrazo de esta enredadera oculta todos mis pesares. Un día pensé que este abrazo era vivificante, que a mis secas y sarmentosas ramas aportaban la carnosa textura de los jugosos primeros tiempos. Ahora se que esta planta busca cada hueco de mi existencia para anidar en él. Dejarla, no impidais que todo lo cubra, dejar que sus dedos tapicen mi cuerpo desnudo, que sus verdes hojas todo lo invadan, no quiero luchar contra ella, no quiero que desaparezca, prefiero dormir, dormir arropado por su cuerpo, y en este dormitar soñar que nuestros tallos se rozan, que ambos trepamos por los muros cuya frescura es compartida, ahora y siempre.
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