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UN PEZ ENREDADO

Angel mío

Busco incesante las palabras que quieran acompañarme. Huyen de mi porque saben que las exprimiré hasta la saciedad; las necesito, a pesar de saber de antemano que no serán capaces de representar cuanto deseo expresar, cuando de hablar de ti se trata.


¡Qué puedo decir para describir la perfecta comunión entre tu pecho y el mío!. Hay abrazos que me emocionan, que me encrespan la piel. Pero hay abrazos que no puedo dejar pasar por alto sabiendo que me han aterrizado en el alma provinientes de un angel. Son esos los que zarandean la existencia de quien vive la soledad sin saber como llegó.


Los tuyos, angel mío, son amor en forma de fuego; los tuyos angel mío, son la tabla en el vasto óceano de la soledad, esa que se instala en el alma cuando confluyen juntos los peores temores en un intento brutal por materializarse. Regresa a mi cada minuto, déjame volver cada instante. Abrázame. Deja que lo haga yo. La libertad mi amor, empieza en el borde de tu piel y cualquier inspiración ahoga si no es en tu regazo, si no es con tu rostro en mi pecho.


Luego viene la reverberación del amor, ese eco que se repite incesante para sanarme si el oxígeno no me llega a los pulmones, porque tu abrazo anda perdido por el mundo buscándome, porque mi abrazo solloza sin consuelo en busca de tu cuerpo.


¡Qué será de mi si tu abrazo muriese! ¡Qué haría de ti si no pudiese devolver, en forma de abrazo, tanto amor, tanta pasión, tanta ternura!


Te amo, angel mío. Recibe mi más intenso y ardiente abrazo

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