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UN PEZ ENREDADO

Re: La chica del croissant

No puedo creer que se pueda olvidar tan rápido. Hace apenas unas horas me abrazabas como si fuese para ti objeto de culto, me acariciabas con la misma ternura con que hablas de mi en este corto relato. No puedo reconocerte. Creo que tu amnesia debe ser provocada por alguna sustancia artificial. Apenas creo que seas capaz de negarme cual Pedro en vísperas de la Pasión.


Hace solo unas horas viste como me golpeé con la puerta en los labios, mientras corría para suplicarte que volvieses una y otra vez, las que hiciesen falta, pero que no dejases de volver. No puedo evitar haberme sentido un juguete en tus manos.


Sí, ya sé que la quieres (¿y que a mi también?). También me has hecho saber que estás confundido, que no sabes lo que te ocurre, que tantos años juntos ahora no tienen el peso de siempre.


No creas que para mi ha pasado todo desapercibido. Yo ya lo supe en un momento dado. Ese modo absurdo de alargar los turnos de forma indefinida, los besos ausentes al salir de casa, ese inusitado cariño en los breves espacios de tiempo que estábamos juntos (vividos con la ansiedad de que fuese el último), y otro sinfin de razones que he procurado olvidar para que no me hiciesen daño, te han delatado aunque te creyeses un maestro en el arte de la mentira y el escondrijo.


No sé como has podido, amarme con la ternura que lo has hecho antes de decirme que ella te esperaba. ¡Tanto tiempo rompiéndome por dentro por tener un día más tu mirada en mi cintura!. Me había convencido de que tu infame cobardía para afrontar tu sentir te haría mantener en silencio (como el más vulgar de los infieles), la fechoría reiterada, quizá con remordimiento al principio, pero deliberada y alevosamente después, sin inmutarte. Pero me has sorprendido.


Sin embargo he creido, con férrea fe, cada vez que manifestabas tu amor por mi. Te he creido, aunque ahora ya no sé, cuando empezó a ser una falacia, una pose vacía de contenido. He sentido como amor lo que para ti era tan solo un juego. Te creí sin dudar y fui feliz mientras lo viví. Detrás venía siempre el amor esquizofrénico, tan evidente que no podía negármelo. Lloraba a solas, pero esperaba tu regreso; necesitaba tu amor.


He vuelto a ese bar para reponderme a una pregunta: ¿Queda algo de lo vivido?. Al volver a casa he encontrado la respuesta en tu bitácora digital, esa cuyo contenido ha sido cauce de tu propia esquizofrenia amorosa: Ya ni siquiera me recuerdas....

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